El Museo Gustavo de Maeztu presenta “Estrellas y lises del barroco estellés”

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El Museo de Gustavo de Maeztu nos presentó el miércoles día 26 de junio una magnífica colección del siglo XVIII, perteneciente al Ayuntamiento de Estella-Lizarra. Esta muestra, por su origen y ubicación, sólo ha podido verse en estancias municipales, y queda por primera vez expuesta al público. Se trata de un repertorio de obras pictóricas de gran relevancia, pequeños tesoros que existen en el territorio nacional y que aquí han puesto en valor. Una grata sorpresa por su riqueza y belleza para los ojos y el arte, que si no podéis visitar os acerco a través de este artículo.

Barroco

Buenas noticias para el arte, el Museo Gustavo de Maeztu ha reunido diez obras de diversos formatos y autores unidas por formar parte de la galería de imágenes pictóricas atesoradas por el Ayuntamiento de Estella-Lizarra a lo largo del siglo XVIII.

Estas obras forman parte de la galería de retratos reales, la colección de Maeztu y las obras incorporadas mediante las sucesivas ediciones de las bienales de pintura además de otras adquiridas y donadas.

Entre los retratos reales figuran los de monarcas borbónicos, un conjunto de lienzos barrocos que nos muestran un programa iconográfico institucional de representación del poder, formado tanto por emblemas heráldicos: el escudo de la ciudad, las armas del reino y las de la monarquía hispánica, todos ellos del siglo XVIII, así como una galería de retratos de reyes y reinas de la dinastía borbónica, correspondientes a los siglos XVIII Y XIX. A esto hay que añadir una pieza singular, la Inmaculada Concepción de Miguel Jacinto Meléndez del siglo XVIII, obra muy notable de gran formato y belleza.

En Navarra sólo se conservan otras dos galerías de retratos reales como esta, una en el Palacio de Navarra, procedente de la Diputación del reino y la otra en el ayuntamiento de Pamplona. El conjunto estellés procede del antiguo ayuntamiento de la ciudad, en cuya sala capitular colgaba como elemento parlante de pertenencía al Reino.

Estas obras están datadas y signadas por autores de importancia contrastada. Tres son los nombres de pintores del siglo XVIII que se imponen al hilo de los diferentes trabajos pictóricos ofrecidos en esta muestra permanente:

– Pedro Antonio de Rada: pintor riojano nacido en Calahorra, residió algún tiempo en la capital alavesa, Vitoria, pero pronto se traslada a Pamplona. Muere en la capital Navarra en 1768.

Comenzó realizando varias obras en la capilla de San Fermín entre 1736 y 1737. Con su firma figuran pinturas como la de la iglesia de Los Arcos, Navarra. Entre las diferentes tasaciones ejecutadas por él podemos citar la obra del Retablo mayor de Mendigorria, hacia 1748.

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Llevó a cabo algunas labores encargadas por el prelado Miranda, tales como unos cuadros para la capilla del palacio episcopal que representaban a diferentes santos, entre ellos San Ildefonso, San Francisco de Sales y San Saturnino. De igual modo entre los años 1748-1749 doró el altar de dicha estancia y, por orden del mismo religioso, ornamentó y revistió el oratorio de la parroquia de Santiago de Calahorra, en especial el retablo de San Gregorio Ostiense.

En 1756 pintó un cuadro de San Fermín en su capilla y baldaquino, que actualmente puede admirarse en el Ayuntamiento de Pamplona y que destaca por su interés histórico. Hacia 1760 se encargó de otros dorados y pinturas para San José de Mendigorria y la parroquia de Miranda de Arga. Este mismo año se trasladó a Heredia, Álava, con el fin de comenzar el dorado del retablo mayor de la parroquia de San Cristóbal, en colaboración con Santiago de Zuazo, vecino de Los Arcos, Navarra.

En años posteriores, además de continuar con los trabajos en distintos altares navarros realizó en 1762 el conjunto de lienzos de la sacristía de la Catedral de Pamplona. No pudo finalizar la obra de policromía de la sacristía de Santa María de Viana.

– Miguel Jacinto Meléndez: Oviedo, 1679 – Madrid, 25 de agosto de 1734. Decano de la familia de pintores con este apellido, se formó en Madrid, en el taller de José García Hidalgo, que fue discípulo de Carreño de Miranda hacia 1672-73. Es posible que su formación se realizase en la Academia del Conde de Buenavista. La primera parte de su trayectoria artística se centra en la pintura de los retratos reales de la nueva dinastía.

La pintura de retratos reales era prioritaria en los años que siguieron a la Guerra de Sucesión. Meléndez no continúa la tradición de los retratos barrocos españoles, austeros, cargados de simbología, ni tampoco conoce al principio los modelos franceses, en los que el barroquismo se traduce por grandeur: grandes gestos, imponentes mantos, apabullantes pelucas. Meléndez pintará retratos reales sencillos, despojados del gran aparato, con unos esquemas compositivos simples.

Su acierto, le propicia la obtención por parte de Felipe V del puesto de pintor del rey, en 1712 a título honorario, sin sueldo, y después, en 1726, con retribución. Tras la llegada el pintor Jean Ranc a la Corte, Meléndez y sus modelos quedan desbancados. No obstante, sus retratos de nobles españoles ligados estéticamente a la tradición española, especialmente a la escuela madrileña del siglo XVII, serán muy cotizados.

El resto de su obra se centra en composiciones religiosas, en las que repite modelos de Carreño de Miranda y Cerezo, obras en las que destaca la belleza formal y compositiva.

Barroco

– Antonio Martínez de Espinosa: nace en Madrid en 1739, hijo de D. Domingo Martínez profesor de arquitectura. Su formación la realiza de la mano de Pablo Pernicharo, asistiendo a la Real Academia de San Fernando. Se traslada a Roma para proseguir su formación pictórica, en un principio sin pensión logrando posteriormente una ayuda extraordinaria gracias a su buen trabajo.

Tras su paso por Córdoba, donde pintó varias obras públicas y particulares, en enero de 1776 ingresa al servicio de uno de los hijos de Carlos III, el Infante don Gabriel de Borbón, con una asignación de mil reales mensuales. Su trayectoria cortesana será larga, como pintor de cámara del Infante don Gabriel, de su hijo el Infante don Pedro y finalmente de su hermano Carlos IV.

Estamos ante una ocasión única, es la primera vez que pueden contemplarse estas obras gracias al trabajo del museo en lo que es un compromiso con el arte auténtico. Estamos ante una muestra única, que nos remonta al siglo XVIII, Siglo de las Luces, ofreciéndonos claves de conocimiento y exaltación de los bienes y la historia de la ciudad del Ega.

La exposición va acompañada de la edición de un exquisito catálogo, en el que se fusionan los estudios de los autores: Don José de la Mano, Don Ricardo Fernández, Gracia, Doña Camino Paredes y Don Gregorio Díaz Ereño.

Toda esta información ha sido detallada para “Atlas Cultural” por Doña Camino Paredes directora del Museo Gustavo de Maetzu, que ha tenido la amabilidad de hacernos el recorrido virtual a través de la exposición.

El horario de visita es días laborables, de 9.30 a 13.00. Sábados, domingos y festivos de las 11.00 a las 14.00. Lunes cerrado. La entrada es gratuita, así que si tenéis ocasión no dejéis de visitar esta grandiosa exposición de tesoros artísticos mostrados por primera vez al público.

¿Creéis que hay tesoros como este por descubrir? ¿Conocéis algún caso similar, pero que esté abandonado? ¿Pensáis que la crisis afecta a nuestro patrimonio artístico?

Archivado en Antonio Martínez de Espinosa, Barroco, Miguel Jacinto Meléndez, Museo Gustavo de Maeztu, Pedro Antonio de Rada, Pintura
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