Rio Lea o Lee, un afluente del Támesis

Rio Lea o Lee, un afluente del Támesis

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El este de Londres no es tan gris como puede deducirse de algunas escenas de las novelas de Dickens. La ribera del Lee (o Lea), afluente del Támesis, está llena de sorpresas agradables para el viajero que quiera ver algo más que el Big Ben y la torre de Londres. Alejarse de los sitios más transitados por los turistas y observar lo variado que es Londres tanto en paisajes como en población es algo que se consigue con este paseo.

Barcazas en el río

El paseo en bicicleta más fácil y sin tráfico que se puede hacer con niños en Londres es la ruta que va desde las marismas del río Lea (uno de los muchos afluentes del Támesis), en Walthamstow, hasta bien pasado el parque olímpico de Stratford. Yo atravieso esta zona en tren casi todas las mañanas muy temprano y la vista es impresionante cuando hay niebla y el sol, que está saliendo a esas horas, intenta romperla. Pero a paseantes y ciclistas les recomiendo que, si es posible, hagan esta excursión en un día soleado. Comenzad en la marina de Springfield, dando una vuelta por el parque del mismo nombre. Allí hay un café en una colina que tiene una vista lánguida del parque, con sus cedros y sauces llorones. Está cerca de Stamford Hill, área de residencia de muchos judíos jasídicos, que se vinieron a Inglaterra huyendo de los nazis y se establecieron en la zona durante los años que precedieron a la segunda guerra mundial.

Judios ortodoxos en el parque de Springfield Al inicio del itinerario a lo lejos se ven las torres altas de Las Docklands y la torre roja retorcida de Anish Kapur. Te montas en la bici y vas viendo una sucesión de estampas sorprendentes y estimulantes. Se pasa por un territorio puramente salvaje de marismas con vegetación autóctona, donde pastan a veces unas vacas muy peludas (¿escocesas?) que traen de granjas de la periferia. Se ven los embarcaderos de la marina de Springfield, con barcazas estrechas que son muchas veces residencias permanentes de algunos londinenses. También pasamos por un centro ecuestre y una pista de patinaje sobre hielo. Pedaleando por el borde del río se llega al estadio olímpico en la orilla este y, cruzando un puente, a las cercanías del parque Victoria, centro de Hackney.

upcycled A lo largo de la orilla oeste hay viviendas, almacenes y naves industriales. Agunas de éstas han sido convertidas en galerías de arte con estudios de artistas o en cafés, pero otras todavía funcionando como almacenes o fábricas pequeñas de cristal o muebles hechos con otros que han sido previamente desechados, lo que se llama el upcycling. Estos territorios de nadie o no-lugares son zonas donde, como no hay una función urbanística definida, todo es posible, o lo sería si no fuera por la presión especulativa que mantiene muchos edificios cerrados y sin mantener.

Desde el río Lea

Este conglomerado de contrastes es el ámbito ideal para proporcionar ideas a artistas de todo tipo, pero especialmente a los arquitectos del paisaje. Frente al parque olímpico, en la orilla de Hackney, hay una galería de arte donde actualmente se exhiben proyectos de estudiantes de tercer ciclo de la escuela superior de diseño de la universidad de Harvard. Los proyectos, agrupados bajo el lema take position!, un juego de palabras que significa dos cosas, bien sitúate en un lugar, o bien toma partido, son propuestas para la regeneración de un área, la del bajo valle del río Lea, que se quedó fuera de las transformaciones urbanísticas que tuvieron lugar cuando se edificó el parque olímpico. En un póster cuya edición corre a cargo del profesor Günther Vogt del Institut für Landschaftsarchitektur, Instituto de Arquitectura del Paisaje de Zurich, se expone la intención de usar estos estudios para elaborar propuestas de creación de un barrio en el que quepan los programas abiertos, que respete la diversidad ecológica y que tenga elementos que contribuyan a la justicia social. Un vecindario donde puedan convivir la producción urbana con la residencia, el ocio y la naturaleza.

Bajo valle del rio Lea Las distintas propuestas no podían ser más dispares unas de otras. Una de las estudiantes se inventa un mundo fantástico, que llama Wonderland, en directa alusión al país de las maravillas de Alicia, con montañas atravesadas por túneles mágicos. Otro propone directamente convertir el espacio en una urbanización moderna y densamente poblada con viviendas muy necesarias en Londres. Otra, la más poética, sueña despierta con un espacio lleno de sistemas de coordenadas con centro en los puntos más altos de la zona, los que tienen mejores vistas panorámicas, donde ella sitúa a distintos artistas famosos para que llenen el espacio con sus ideas. Otro proyecto incluye estudios sociológicos del área y se preocupa sobre todo de integrar a las comunidades que ya viven cerca del valle. Una de las estudiantes propone una solución de contrastes muy radical y extrema consistente en repoblar la zona con la vegetación autóctona y convertirla en un enorme bosque, con torres de rascacielos en uno de sus bordes.

Bajo valle del Lea

Cualquiera que sea la solución que se adopte, y puede que no se parezca nada a ninguna de las propuestas, a mi me encantaría que nos dejaran carriles bici para atravesar el nuevo espacio urbanizado. Así se podría llegar sin desmontar hasta el gran río Támesis, en el centro de Londres. Tengo esperanzas de que así sea y creo que es probable porque Londres ahora es una ciudad de ciclistas. Desde los atentados terroristas en los transportes públicos en el verano de 2005, los commuters de Londres (gente que usa cualquier medio de transporte para llegar al trabajo) se han lanzado en masa a cabalgar sus bicis y a usarlas como medio principal de transporte.

Ciclistas en el centro de Londres

Ahora hay más bicicletas circulando por el centro que coches. A pesar de la lluvia y de las inclemencias del tiempo. Mi marido es uno de los primeros conversos a este culto de la bici que tiene miles blogueros y de foros virtuales. Aunque nieve o granice va y viene a diario del trabajo (al lado de la Tate Modern) usando ese medio de transporte. Yo no me atrevo con el tráfico. Las pocas veces que lo he intentado me he asustado al encontrarme flanqueada por dos gigantescos autobuses de dos pisos. Pero si pudiera atravesar todo el este de Londres en carriles sin coches, no tendría más excusas para oponerme a seguir sus consejos, y tendría que usar la mía.

Archivado en Arte, bicicletas, Desarrollo, Paisaje, Urbanismo
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