Whiplash, la autoexigencia llevada al extremo

Whiplash, la autoexigencia llevada al extremo

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Febrero es tradicionalmente el mes de los Oscars, por tanto ya va siendo hora de que repasemos los títulos más interesantes que nos ha dejado 2014, que todavía se siguen estrenando en nuestro país. El último de ellos ha sido Whiplash, la típica película independiente que suele colarse en las principales categorías todos los años y que la mayor parte de las veces sorprende a la crítica y el público. Este pequeño filme desde luego no es ninguna excepción.

Una de las películas más sorprendentes del año

La historia es bastante simple. Un alumno de una importante escuela de música de Nueva York, especializado en la batería, consigue entrar en la selecta banda de jazz de un profesor muy exigente, por lo que el nivel de estrés del chaval va más allá del dolor físico. Como podéis comprobar, la sinopsis no nos sugiere nada nuevo, es una historia tan simple como parece, lo que cambia es el cómo. Whiplash no nos distrae con un exceso de personajes ni con subtramas inútiles, cada secuencia, cada diálogo están enfocados a hacernos sentir lo mismo que su protagonista.

Y lo hace a través de su ritmo trepidante, quién lo diría en una cinta sobre música, que marca la batería del protagonista. Al contrario que ocurre en Birdman, en la que dicho instrumento nos llega a molestar, la percusión es un motivo visual y sonoro que nos transporta directamente a la clase o al cuarto de ensayo y se convierte en un vehículo para empatizar con Andrew y para estresarnos de la misma manera que el profesor Fletcher lo estresa a él. Rodar largas secuencias de un tipo aporreando una batería puede parecer difícil de resolver y, sobre todo, muy monótono pero Damien Chazelle le da la vuelta y consigue una variedad de planos asombrosa que, unidas en un montaje prodigioso, consiguen el efecto que se proponen. Estos dos aspectos me parecen indispensables para que Whiplash consiga ser una película especial.

El resto del trabajo está en manos de los actores. Es cierto que J.K Simons es el único que ha conseguido reconocimiento tanto en los Oscars como en los Globos de Oro, pero eso no debe menospreciar el trabajo de Miles Teller, cuya evolución incluso física se puede apreciar de manera progresiva en el filme y borda un papel en el que hubiera sido demasiado fácil encasillarse en el tópico del alumno atormentado por el profesor. Todo lo contrario, Andrew tiene carácter y da un paso al frente en muchos momentos de la película. Pero delante tiene a un J.K Simons que está fantástico en este papel de profesor ultra exigente que lleva a sus alumnos al extremo para sacar lo mejor de ellos. También habría sido fácil para él quedarse simplemente en el papel de sargento de hierro pero Fletcher es otra persona fuera del aula, a veces mejor y otras veces incluso peor, completando un personaje con muchísimos más matices.

Su gran actuación le ha valido un Globo de Oro y una nominación a los Oscars

En definitiva, Whiplash bebe directamente de fuentes cercanas en cuanto a temática, como Cisne negro, pero también de otras más lejanas como La chaqueta metálica, fundamentalmente por el coaching tan agresivo que podemos ver en ambas y sus diversas consecuencias. Pero es injusto compararlas con ambas porque Whiplash tiene entidad propia y, a pesar de tener unos referentes tan claros y marcados, no se parece a ninguna de ellas. Por último, me gustaría destacar su maravilloso final, un clímax potentísimo que eleva a la enésima potencia lo visto anteriormente. Os recomiendo que no os la perdáis porque no se van a arrepentir, vais a vivir una experiencia fuerte durante hora y media que os dejará pegados a la butaca.

Archivado en Damien Chazelle, J.K. Simons, Miles Teller, Oscars 2015, Whiplash
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