“No estamos locos”… sabemos lo que queremos

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El Gran Wyoming

Aquí hay una serie de gente solapada que no quiere arreglar la crisis sino utilizarla para cambiar el sistema. Los auténticos antisistema no son los que calzan rastas y queman una papelera sino los que nos gobiernan.

¡Bang! Primer disparo. Un tiro al pie. La vida tiene un precio. El pistolero saluda tocándose el ala del sombrero, con una sobria inclinación de cabeza y una sonrisa socarrona que ni siquiera el humo que aún sale del revólver consigue ocultar. El Gran Wyoming podría freír un huevo sobre su cabeza y por eso se ha subido a la diligencia de las letras, no es de la clase de personas que cavan con una pala, así que ha decidido encañonar a los verdugos más despiadados y repartir plomo por un puñado de dólares. Obsesionado como los centauros del desierto, busca un duelo al sol. Sabe que tendrá que bailar con lobos. Una misión solo apta para audaces.

Portada

Un valiente desencadenado que da la cara para que se la rompan. Vivimos tiempos convulsos donde los ríos cada vez son más rojos y bravos, tiempos para morir con las botas puestas. Nos encontrábamos solos ante el peligro… hasta que llegó la hora. Un grupo salvaje, algunos hombres buenos, magníficos, andan tras la pista de los asesinos… veo la culata del Winchester 73 asomando en sus fundas…

Wyoming desenfunda y los impactos de sus balas descubren las raíces profundas de esta crisis, su discurso señala los horizontes de grandeza que avistaron los nuevos colonos del Viejo Oeste. El Dorado era una ilusión, el tesoro de Sierra Madre, desapareció de las alforjas de los más pobres y currantes, se lo llevó el viento… o el ferrocarril de la banca.

Por estas tierras campan forajidos de leyenda, atracadores con pañuelo de seda al cuello y sheriffs corruptos con manos torpes, que jamás pisarán las penitencierías sin nombre de un fuerte llamado España, cuatreros que se alejan paso a paso del árbol del ahorcado, malditos condenados sin condena que… ¡ni se sonrojan!

Y en la tribu, los pieles pálidas, con las lanzas rotas, sabiendo que portan el honor por bandera, están cansados de esta monótona balada, agotados de ordeñar la vaca y después, tener que regalar la leche a los tramposos de rostro impenetrable y cara muy dura que cabalgan juntos. Vaqueros que apestan. El pueblo, abrazado al cactus, viendo las estrellas, quiere dar valor a la ley, y de momento, no exige la ley del talión. Es sencillo, se busca justicia, sin perdón, o cargará la brigada ligera. Y entonces, tras la batalla, no crecerá la hierba en las verdes praderas y esto parecerá Monument Valley. Más vale barrer ahora…

Escenario de John Ford

Hay libros inútiles que son obras maestras, libros por los que mataría… bueno, digamos que daría mi vida… si éste que escribe fuera un héroe. Que no lo es. Otros libritos, en cambio, jamás aparecerán en las listas más mimadas, solo en listas negras, porque se escriben con las tripas, de una sentada, “desde el desprecio total”. Vomitando sobre un reloj de cuco… muy neutral. No estamos locos de El Gran Wyoming es un análisis sociopolítico regado con ese venenoso sentido del humor que le da fama, la misma fina ironía que tiende junto a la ropa sucia cada noche en su programa de televisión El Intermedio.

Hunden lo público, privatizan y luego se ponen al frente de las empresas.

Rock

No estamos locos es ante todo, un texto claro. Para que lo entienda todo el mundo. Irónico, sí, crítico, también. Crudo hasta la náusea, una prosa sin adornos, rock duro que se va colando entre tus ideas, formándolas. Debes ser crítico o corres el peligro de asentir palabra por palabra. Recuerda: es su punto de vista del origen y de los porqués de esta angustiosa crisis. Su opinión.

Manel Fontdevila

Y sin embargo, no todo es subjetivo, los pilares y las vigas de la obra, son los datos y ejemplos concretos que nos deja. Algunos conocidos, otros, que quizás te hayan pasado desapercibidos y que es bueno recordar. ¡La memoria histórica es clave! Aunque los aludidos con nombre y apellido, los honorables corruptos y los distinguidos criminales que aún hoy brindan con champán, preferirían arrastrar ese polvo bajo las alfombras. Ana Mato mirando para otro lado cuando entra un Jaguar en el garaje de casa (pagado por la trama Gürtel), el ex presidente Aznar, que indulta al prevaricador Gómez de Liaño, actual abogado de Bárcenas… conexiones nada sutiles entre el dinero y el poder. Un ensayo transparente que nos hace mejores ciudadanos. Más libres. Imprescindible en estos tiempos.

Se apagó la bombilla y de las tinieblas surgió un nuevo subgénero literario. O casi. Libros sobre la crisis: Hay vida después de la crisis, de José Carlos Díez, Lo que debes saber para que no te roben la pensión, de Vicenç Navarro y Juan Torres López, Viaje a la libertad económica, Daniel Lacalle, Diario del Crash, Santiago Niño Becerra, Todo lo que era sólido, Antonio Muñoz Molina, Acabad ya con esta crisis de Paul Krugman, Indecentes: crónica de un atraco perfecto, de Ernesto Ekaizer, Esto tiene arreglo, Alberto Garzón Espinosa, Cómo funciona la economía para dummies, Leopoldo Abadía, La hoguera del capital, de Vicente Verdú, La economía del miedo, de Joaquín Estefanía, La crisis financiera. Guía para entenderla y explicarla, de Juan Torres y Alberto Garzón… y muchos más.

Desaparecidos Stéphane Hessel y José Luis Sampedro, dos referentes intelectuales para los indignados, muchos descontentos de a pie, siguen cada día por televisión a este flautista de Hamelín y esperan a los domingos, para no pestañear durante las clases magistrales de Jordi Évole. Otra vuelta de tuerca. Pese a que no hay más que salir a la calle para ver en HD cómo está el país. Si piensas que José Miguel Monzón Navarro va más allá y quiere convertirse en un político populista, en un Berlusconi madrileño, para sentarse en una poltrona pública, sencillamente, lee este párrafo:

Si me dedicara a la política tendría que exigirme a mí mismo lo que estoy exigiendo a los políticos: honradez, dedicación, vocación de servicio. No tengo vocación de servicio, no he nacido para eso, no valgo y además hasta soy corruptible. Y otra cosa que digo, con toda la humildad de mundo, es que yo no estoy cualificado, simplemente denuncio cosas. Pero igual que puedo denunciar un atraco y no sé cómo se hace. Vivo muy bien y no quiero dedicarme a hacer este tipo cosas, a sufrir. No quiero renunciar a mis privilegios por servir a los demás.

Archivado en Actualidad, Crisis, El Gran Wyoming, Ensayo, Libro, Literatura, No estamos locos, Política
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