“Vivir es fácil con los ojos cerrados”… y más, si huele a fresas

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Hoy se estrena en los cines de toda España la nueva película de David Trueba y Javier Cámara. Un director y un actor que me producen sentimientos encontrados. Al primero le invitaría a un café y pagaría las cervezas que hicieran falta, para poder charlar durante horas, y al otro no lo trago. “Vivir con los ojos cerrados” es una road movie que se apoya en un episodio real. Un sucedido. Un profesor de inglés que viajó hasta Almería en 1966 para conocer a John Lennon. Una película amable y lírica, una ducha en los campos de fresas… Al salir del cine, que no será de barrio, donde jamás se proyectó una de Manolo Escobar, volverás al futuro. Serás una carita amarilla sonriente.

David Trueba

David Trueba se puso tras la cámara una vez más y aquí tenemos su nueva obra. La obra de un maestro. Una road movie castiza, que engancha y seduce desde una sencillez costumbrista, donde su lirismo enternecería a cualquier seguidor de los Rolling Stones. Sus protagonistas son generosos y amables, cálidos, prepárate para sentir el peso de la mirada nostálgica y melancólica de una España felizmente superada. Una peregrinación, un western que dispara rosas. Sonríe, capullo. Y más, si te gustan The Beatles; y las fresas. No es un puñetazo en la mesa, David pasa con suavidad la página de un álbum de fotos. La España negra, gris, la que se resistía a la pérdida paulatina de los valores del catolicismo más opresor, ahora se dibuja en el retrovisor… aunque aún se ve demasiado nítida. Aún. Y en el horizonte, The Beatles, símbolo del progreso, de la libertad, una revolución que no solo afecta a la música. De hecho, el título es un verso de la canción, Strawberry Fields Forever.

Una canción puede salvarte la vida.

Cartel de la película

Vivir es fácil con los ojos cerrados está ambientada en la España de 1966, cuando John Lennon, en plena crisis existencial, visitó Almería para rodar How I Won the War, una película antibelicista que dirigiría Richard Lester. Al parecer se trata de una anécdota que sucedió de verdad, y que David no ha querido ver cómo se evapora.

Un profesor de Albacete, Antonio, idealista, verborreico y cuarentón (Javier Cámara), que utiliza las canciones de The Beatles para enseñar inglés, sube a su destartalado SEAT 850, y acelera levantando el polvo de la carretera, viaja en busca de su ídolo. Tiene que charlar con él, necesita comentarle un par de cosillas. Quiere que las cucarachas de Liverpool incluyan en sus álbumes la letra de las canciones, un material imprescindible para sus clases.

En su ruta recoge a dos adolescentes insatisfechos con sus vidas, Juanjo (Francesc Colomer, el rostro de Pa negre), un chico de 16 años que se ha fugado de casa, un rebelde con pelo “largo”, y a Belén (Natalia de Molina), una joven de 21, que también huye de una institución donde se recluía a las solteras embarazadas para evitar el que dirán. Unos actores nóveles que aportan frescura y naturalidad. Una aventura repleta de personajes entrañables y buenas intenciones, al mismo tiempo que Fraga se bañaba en Palomares.

Caminante, son tus huellas, el camino y nada más; caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace el camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante no hay camino sino estelas en la mar. Lo dijo un genio. Don Antonio Machado. Yo a callar; sentado en mi butaca del Kursaal.

De tanto vivir entre niños, los profesores acabamos por no comprender el mundo de los adultos.

David Trueba tiene mucho talento para contar historias. Puede escribir un libro, una columna de opinión, un guion, grabar una serie, o rodar una película y jamás sentirás vergüenza ajena. Todo lo contrario. Con Javier Cámara no tengo el mismo feeling, que diría Guardiola, el amigo de David. Es un actor que no me gusta, cuando sale en pantalla siento la necesidad de pulsar un botón del mando a distancia. Cualquiera. De cerrar los ojos, o de no vivir. Y sin embargo, tanto en La vida secreta de las palabras como aquí, me lo creo. En esta película está sobresaliente, rebosante de matices. Más sutil. Personifica la esperanza, es una botella donde el país guarda la medicina de la cultura y la ilustración.

Javier Cámara y Ramón Fontseré

Ramón Fontseré encarna a un marinero anclado en tierra que admira a Claudia Cardinale. Un tipo inolvidable, con muy buena memoria. Tampoco te abandonará su hijo, el chico que cuenta las olas. La importancia de los secundarios. Y de la música. En este caso, David se la encargó a dos leyendas del jazz, Pat Metheny y Charlie Haden. El guion era su tesoro, los diálogos son muy buenos, nada forzados, teñidos de un humor agridulce. La fotografía te recordará a Cuéntame cómo pasó, pero tranquilo, no aparece Imanol Arias. El montaje, invisible. Perfecto.

Vivir es fácil con los ojos cerrados, pero respirarás mejor si abres los ojos. Si te rebelas, si aprendes, si te culturizas, si te subes al SEAT 850 y emprendes la odisea de ver cumplido un sueño. Una historia luminosa y colorida encuadrada en una época donde el oscurantismo era quien dictaba el día a día. Una historia elegante, pausada, aterciopelada… un autor que debería haber gritado a su musa a pleno pulmón… help. Help! ¡Más fuerte! Help!. Sí. Necesita un poco de carácter, más garra. Repito. Una de esas películas que te dejan un buen sabor de boca. Un vino agradable, una canción pop que te emociona. Como escuchar Strawberry Fields Forever en acústico.

Archivado en Cine, David Trueba, Donostia Zinemaldia, Festival de San Sebastián, Javier Cámara, Road-movie, The Beatles, Vivir es fácil con los ojos cerrados
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