Charlas TED: Andrew Stanton, las claves de una gran historia

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El nombre de Andrew Stanton podría resultarte desconocido, lo sé, y su cara, sin duda, te será irreconocible. Quizás no sepas quién es, pero seguro que has visto alguna de sus películas. Y que me amputen el dedo meñique ahora mismo si no te ha robado más de una sonrisa. Toy Story, Buscando a Nemo, Bichos, WALL-E… uno de los dioses de Pixar, uno de los gigantes de la animación. Walt Disney se quedaba sin aire, así que se comió al pececito. En esta conferencia que impartió sobre el escenario de TED explica alguno de sus secretos, las claves de una gran historia. Merece la pena que guardes 20 minutos esta noche para escucharla. Siéntate y despeja tu mente.

Charla TED

Andrew Stanton comenzó a trabajar en Pixar en 1991, mucho antes de que la Walt Disney Company absorbiera la empresa, mucho antes de ver en el horizonte una de las cumbres artísticas de la compañía fundada por Steve Jobs y John Lasseter: Up. Una succión. A partir de ese año capicúa, Andrew viajó hasta el infinito y más allá.

Escribió y firmó la historia de Toy Story y fue director y guionista de Bichos, Buscando a Nemo, WALL-E… suficiente bagaje para irse al otro barrio tranquilo, pero no se relajó, le gustan las medallas y es un hombre curioso, así que también quiso ser productor, actor de doblaje… un tipo admirable. Un experto en animación. Y en narrativa. Alguien capaz de idear la trilogía de dibujos más aplaudida y ovacionada por críticos que mascan chicle y niños con gafas de pasta, tiene que tener una historia detrás, está facultado para dar una conferencia de 20 minutos en TED. Y yo quiero escucharla. Muy bien, pues aquí la tenemos. Atento.

Haz que me importe. Emocionalmente. Intelectualmente. Estéticamente.

Wall-e

¡Espera! Antes quiero mojarme, dar la cara. Si un tipo con cicatriz en la mejilla y un diente partido posara dulcemente su machete afilado en el lunar que tengo en el cuello, y me pidiera por favor, que elija una película de animación, WALL-E sería una de las primeras que asomaría en mi oxidada sesera. Me encantó, soy preso de ese recuerdo. Es una joya, una obra maestra. Es como cuando estás enamorado. Sabes que Bar Refaeli es más guapa y alta que tu chica. Más atractiva. Objetivamente. Sin embargo, no cambiarías un minuto a su lado, por una noche dentro del bar. No me lo discutas. En el futuro podrán deslumbrarme técnicas de animación en 3D, 4D, 4K, o BMW M3, y yo seguiré paseando junto a mi amigo, el robot compactador de basura, rodeando sus hombros metálicos con mi brazo. Seremos Rick Blaine y el capitán Renault.

Andrew se apoya en una cita del dramaturgo británico William Archer para uno de sus razonamientos:

El drama es anticipación mezclado con incertidumbre.

¡Apunta sus secretos! Es interesante la lista que los chicos de Pixar guardaban cuando empezaron en esto. Querían ser rompedores. Querían hacer algo diferente. Bambi es una genialidad eterna, nadie lo pone en duda, y aún así… ¿tenían que conformarse estos novatos con filmar copias de ese patrón? ¿Tenían que dedicarse a componer canciones y a dibujar a los clásicos del “hombre de hielo”? ¿Tenían que ser repetitivos para triunfar? ¿Para triunfar? ¿Para triunfar? ¿Para triunfar? ¿Ahogar su creatividad? Parece un chiste.

  • Nada de canciones.

  • No a los momentos “yo quiero”.

  • Nada de aldea feliz.

  • No a las historias de amor.

  • Nada de villano.

Como verás en la charla, no todos los que se embarcaron en esta aventura estaban de acuerdo con esa plantilla voluntariosa. Tom Hanks puso cara de póker. No obstante, al final de la autopista… los coches no se chocaron. Por tanto, deducimos que para narrar historias hay guías, no reglas categóricas. “Planteamiento, desarrollo, conflicto o nudo (dentro de éste el clímax) y desenlace”. Perfecto. O no. Lo sustancial en este caso, es que los niños se queden embelesados ante la pantalla, que se produzca un instante mágico. Asombrar y maravillar. El ingrediente más importante de una historia. Ése que Bambi y Tambor tan bien conocen…

Quería terminar esta introducción sin meter el dedo en el ojo del pobre Andrew, le respeto demasiado. Aprende sus claves, no son las únicas pero sí son valiosas. Como decía… no quería mentar John Carter. Agua. No lo he conseguido, soy cobarde y es muy tentador oler sangre. Además, creo que puede ser útil dejar constancia de su fracaso. Cualquiera puede meter la pata, pero una buena bofetada… ¿nos sirve para aprender? ¿Para ser mejores? ¿Pierde credibilidad un autor que no ha hecho diana con todos y cada uno de sus disparos?, ¿que no ha sido manteado al terminar alguna de sus obras? Obviamente, no.

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