La historia de Libertatia, una isla de utopías y palmeras

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¿Existió la “República de los mares”? Poco se sabe sobre este sugerente y excitante episodio de la historia. Es más, muchos historiadores incluso ponen en entredicho su verosimilitud, argumentando que el mismísimo Daniel Defoe (Robinson Crusoe) escribió este cuento bajo seudónimo. No importa, el relato merece la pena, sea verdad o mentira. Libertatia fue una colonia que fundaron en Madagascar el capitán Misson, el dominico Caraccioli y Thomas Tew, un pirata con patente de corso. Hablamos del siglo XVII. La tripulación del buque de guerra francés Victorie se afincó en esas tierras lejanas, y te frotarás los ojos cuando leas los principios e ideales que gobernaron sus vidas durante más de dos décadas…

Libertatia

En Atlas cultural nos apasionan las curiosidades. Muchas veces, dicen más de nosotros que las grandes reflexiones filosóficas, las noticias más impactantes o la novela que te recomienda tu padre. Hoy os voy a presentar a François Misson, un marino francés natural de Provenza, que quizás te inspire, quizás catapulte tus absurdos ideales y rompas los muros que te rodean. Tranquilo, aquí no asoma ninguna revolución, aquí solo emergen unas humildes letras. Sigue leyendo y no te arrepentirás.

¿Qué te parece si viajamos al siglo XVII? Imagínate a nuestro nuevo amigo del pasado, el señor Misson, visitando Roma ilusionado y ferviente. ¡Crash! El espejismo se resquebraja, se hace añicos, y los trozos de cristal tintinean al chocar contra el empedrado. Sueño roto. Fue contemplar el boato y la indigencia moral que había en la corte de los sucesores de San Pedro, y caérsele la venda de los ojos. Allí perdió la fe, lo mandó todo al infierno.

François era miembro de la tripulación de un buque de guerra francés, el Victoire. ¡Fuego! ¡Fuego! Un tipo apasionado. Ahora pulsemos el botón del fast forward, y paremos cuando veamos que se han secado las lágrimas del pañuelo que usó al despedirse de la ciudad eterna. Con el mar en calma y él pisando las convulsas tierras napolitanas, la ironía del destino jugó sus cartas y le empujó a conocer a un dominico italiano que cambiaría su jugada, su vida: Caraccioli.

Utopía

Obviamente, no fue en una iglesia. El feliz encuentro se produjo en una taberna, en ese nido de vicios y perdiciones. Hubo conexión, las lenguas se desataron. El monje era lector de la Utopía de Tomás Moro, e imbuyó a Misson y a algunos de sus compañeros con el torrente de sus ideas. Un arsenal más peligroso que mil cañones. Me los imagino con la boca abierta, mientras esta peste empapaba su ignorancia. Leemos en Historia general de los robos y asesinatos de los más notorios piratas que:

…trató sobre el gobierno, y mostró, que cada hombre nace libre, y tiene tanto derecho como quien le sustenta, al aire que respira… que la gran diferencia entre hombre y hombre, que en uno nada en la lujuria, y en el otro en la más punzante necesidad, se debía sólo a la avaricia y la ambición en uno, y al vasallaje pusilánime en el otro.

Amén. Caraccioli (a veces escriben su nombre como “Caracciolo”) embarcó en el Victoire. Invitado de honor, preso de sus palabras. El barco zarpó al mando de un capitán llamado Fourbin. Desgraciadamente o no, el “jefe” falleció en las Antillas en un combate naval con los ingleses. Caraccioli tomó el timón, y propuso a los 200 integrantes de la tripulación nombrar capitán a Misson y dedicarse al filibusterismo. Un dominico de armas tomar. ¿Crees que le hicieron caso? ¿Tenía alma de pirata? Mmmm… ¡al diablo el rey de Francia!

El fraile italiano debía ser muy persuasivo, porque no fue la única moción que le aceptaron. Verás, los tripulantes del Victoire colectivizaron la riqueza del barco, decidiendo que “todo debería ponerse en común”. No había privilegios… ni siquiera para el capitán. ¿Comunistas? ¿Igualdad?

El tatarabuelo de Karl Marx aún no había soltado su primer llanto. Las decisiones se dejaron “al voto de toda la compañía”. Misson y Caraccioli redactaron un código de conducta que establecía el trato humanitario a los prisioneros, la prohibición de emborracharse o de blasfemar y el respeto a las mujeres. Tremendo. Estos piratas novatos y “extravagantes” también acordaron obligarse mutuamente al trabajo y a la defensa común.

Izaron una bandera de seda blanca con la leyenda “por Dios y la libertad”. Nada de tibias cruzadas, calavera y fondo negro. Bajo ese lema capturaron barcos y ejercieron ese arte que sublimaron John Silver o el Capitán Garfio. Bueno… jamás maltrataban a los prisioneros ni quemaban los navíos, se quedaban con lo imprescindible (normalmente, oro) y los dejaban partir. ¡Eh! Has abierto tanto los ojos, incrédulo, que ni siquiera un parche te hubiese impedido seguir leyendo. ¡Córtate! ¡Borra de tu cara ese aire de Peter Pan! ¿Te parece tan asombroso? ¿Tan infantil? No te rías, no rompas la pantalla y no perdamos el tiempo, pues. ¡Al loro! Pasaron los años…

http://republicadelibertalia.blogspot.com.es/2011/10/curiosidades.html

En su ruta se cruzaron con un barco negrero holandés y lo asaltaron. Los esclavos fueron llevados a la cubierta del Victoire, donde Misson se dirigió a ellos con estas palabras abolicionistas que Lincoln habría aplaudido con las orejas:

El comercio de aquellos de nuestra propia especie, nunca será agradable a los ojos de la justicia divina: ningún hombre tiene poder sobre la libertad de otro.

Los africanos se unieron a la tripulación. Igual que algunos de los marinos del buque holandés, a los que exigieron una conducta irreprochable desde ese mismo instante. Tuvo que ser impactante. El dominico aprovechaba la travesía para adoctrinar a los suyos. Hay que ser buenos y temer a Dios… ufff… incluso se empeñó en educar y enseñar gramática y humanidades a los liberados. ¿Te lo imaginas? El barco partió en busca de tierras libres, pusieron rumbo a la costa occidental de África… ¡vamos allá!

Misson y Caraccioli

Doblaron el Cabo de Buena Esperanza y el Océano Índico se abrió irresistible. Se dirigieron a la isla de Madagascar, territorio que aún no había sido reclamado por ninguna de las potencias imperialistas de la época. Allí encontraron una bahía para desembarcar, un paraíso de clima cálido y saludable, con abundante pesca, minas de hierro y algo de plata y oro, tierras fértiles, agua fresca y nativos amistosos. ¡Dios! ¿Qué más se puede pedir? Ahí no echarías de menos nada. Ni el smartphone.

Eligieron ese idílico rincón para fundar una colonia que sería la base de operaciones en sus pillajes por el Océano Índico. El suelo producía buenas maderas, azúcar, algodón e índigo. Los nativos les vendían ganado vacuno. Algunos incluso se cambiaron de bando y besaron el socialismo de estos locos.

Ellos mismos se bautizaron como Liberi (libres en latín) y, su tierra, Libertatia o Libertalia. Renunciaron a su nacionalidad. No había diferencias de raza. Hablaban un lenguaje común, mezcla del francés, inglés, holandés, portugués y malgache nativo. Pusieron todo el botín en un fondo común y prohibieron el dinero. ¿Para qué iba a servir si todo era comunitario? Se convirtieron en granjeros y pastores.

Ninguna cerca separaba cualquier propiedad particular de un hombre. Los botines y riquezas ganados en el mar eran puestos en el tesoro común, el dinero no tiene uso allí donde todas las cosas están en común.

Pirarta Libertatia

Libertatia ya no era un delirio, pero había que ponerse manos a la obra. Y justo entonces, el Victoire tropezó con el famoso pirata y corsario nacido en Nueva Inglaterra, Thomas Tew. Otro convencido. ¡Al barco! Misson fue nombrado Lord Protector, Caraccioli, Secretario de Estado y Tew, Almirante de la Flota. La insensata utopía se prolongó durante 25 años. Un cuarto de siglo que pertenece a esas brumas de la historia.

¿Cómo se consumió la vela? Hubo discrepancias y las canas se convirtieron en calvas. Los años. Los nativos arrasaron Libertatia y liquidaron a Caraccioli. Triste. Misson escapó, logró huir con dos buques, algunos hombres y el botín, aunque poco después murió. Se reunió con su amigo en esa quimera que algunos llaman “la vida eterna”. Un huracán se tragó su barco.

El insigne pirata americano regresó a Francia con unos manuscritos donde se detallaba lo acontecido en esa república igualitaria. La prensa no tardó en divulgarlos, y se cree, se dice, que sirvieron de inspiración para erigir los ideales de la revolución francesa. Thomas Tew falleció durante el abordaje a un barco hindú en el Mar Rojo. Según Charles Johnson, una bala atravesó el vientre de Tew, quien trató de retener sus entrañas. Muy gore. Al ver esto, la tripulación se rindió sin oponer resistencia. No somos nadie…

¿Fue Daniel Defoe, el autor de Robinson Crusoe, bajo el seudónimo de Charles Johnson, quien inventó el mito de Libertatia? ¿Fue simple propaganda política? ¿La expresión literaria de la voluntad popular? ¿Es una historia, mitad verdad y mitad ficción? ¿Te hubiese gustado vivir esa experiencia única? ¿Qué crees que haría Misson hoy en día?

Archivado en Caraccioli, Comunismo, Dios, Historia, Igualdad, Libertalia, Libertatia, Madagascar, Misson, Piratas, Siglo XVII, Socialismo, Utopía
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