“La verdad sobre el caso Harry Quebert”, la obra maestra que nunca existió

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Misterio resuelto. Joël Dicker no podía evitar el dar un último giro a la historia haciendo caer abruptamente las máscaras en pleno carnaval. El éxito del libro de Marcus Goldman se tambalea gracias a un detalle que se le ha escapado, aunque una vez que lo conocemos no queda sino exclamar: ¡por supuesto! ¿Por qué no me lo había preguntado antes? Punto para el suizo que ha logrado esconder lo evidente.

Novela de Joël Dicker

No me canso de decirlo: Nola es un personaje lleno de sorpresas. Ahora hay que agregar que la última de ellas le transforma por completo y nos plantea preguntas inquietantes. El éxito del libro escrito por Goldman y la calma de este escritor con alma de detective se ven interrumpidos por un descubrimiento crucial: Louisa Kellergan, la madre de Nola, murió en 1969, seis años antes del fatídico 30 de agosto que terminó con la vida de la pequeña. Hay una mentira en el libro del momento, una falta que parece poner en tela de juicio todo el argumento. Claro que uno se pregunta: ¿qué tiene que ver que se mienta sobre el maltrato de la madre con la abrumadora evidencia en contra de Luther Caleb? Todo y nada.

Lo cierto es que el fallo debe explicarse, no, más que eso la aclaración se convierte en un imperativo apremiante. Al final, hay que recordar que un jefe de policía murió sin que el caso haya sido tratado a fondo. El asesino sigue merodeando y hay que esforzarse por comprender en qué cambia la historia de “la chiquilla que había emocionado a América” con este descubrimiento. Para eso Dicker tiene la amabilidad de hacernos volver sobre la investigación, es decir, nos reproduce los fragmentos cruciales para comprender las razones del malentendido. El lector, por tanto, no tiene que releer el libro para verificar que el despiste se sostiene. Hay que darle mérito al autor por conseguir este efecto, pero eso no quita que el hecho de no haber mencionado la muerte de la madre sea un poco artificial.

Obra del pintor norteamericano Edward Hopper

Pero dejemos de lado la sensación de cansancio que puede producir el tener que volver a recorrer los hechos que ya conocemos de sobra. Este último giro nos pone de golpe en Alabama con la icónica canción de Lynyrd Skynyrd: Sweet Home Alabama (que vio la luz en 1974, por cierto). Sí, Dicker no podía dejar de retratar la cara fanática de los norteamericanos, ese rostro que se deja persuadir por grupos religiosos de prácticas extravagantes. Nola no es el angelito enamorado que pensábamos: purificó a su madre calcinándola siendo apenas una niña. Acto que le valió un exorcismo de muy dudosa calidad y, en consecuencia, una escisión de la personalidad que le lleva a ser víctima y verdugo a la vez: Nola es al mismo tiempo la madre que se castiga y purifica cada vez que sus emociones se alteran.

Parece una apuesta genial el poner en el desdoblamiento de personalidad de la niña de quince años el giro definitivo de la historia, pero me parece que eso tiene consecuencias no tan afortunadas. ¿Por qué Quebert siguió con la relación después de descubrir esto? Escapar con una menor puede ser una linda historia que intenta mostrar que el amor no tiene edades, pero si, además, la chica tiene un problema psicológico de semejante envergadura ya resulta complejo sostenerlo. Vamos, la patología es compartida y el escritor necesita tanta ayuda como la adolescente. Será por conservar su inspiración, por confundir un sentimiento malsano con la fuente de ideas que le permitiría escribir la ansiada obra maestra. Pero no: Harry Quebert no ha escrito nada más allá de Las gaviotas de Aurora.

Cuadro del pintor Edward HopperEn pocas palabras, el personaje que acompaña al título del libro es brutalmente degradado, desmembrado: ni escritor, ni enamorado. Se trata de un hombre cualquiera temeroso de la mediocridad que se ha enamorado de una niña y opta por robar un libro escrito por el fallecido Caleb. Quizá esto explica la pobreza de las cartas de esa obra maestra que es Los orígenes del mal que ya Gorka hacía notar. El gran libro es obra de un hombre torturado que ha podido desarrollar su alma artística a gracias al dinero de su propio verdugo. De Quebert no queda nada más allá del conjunto entero de las debilidades humanas, una verdadera caja de Pandora. En la verdad sobre el caso Harry Quebert lo que menos importa es Harry Quebert. No lo han advertido desde el comienzo: hay que centrarse en la víctima.

Creo que esto quita un poco de importancia al hecho de descubrir quién es realmente el asesino. La historia que inspiraba se diluye y comienza a dejar un fétido olor. Dos cadáveres son el resultado de un torpe intento por encubrir un conjunto de malas decisiones. En el medio de todo, como un gran sol del que todos se alimentan, está Nola. La niña objeto de un descarriado amor por parte de un escritor, nostálgica inspiración que ha despertado la faceta literaria de un pintor, víctima de su propia psique, asesina, libertina, enamorada… Eva muere de envidia ante el poder de la quinceañera. Pero vamos cerrando el comentario.

Cuadro del pintor norteamericano Edward Hopper

Como ya he dicho antes no creo que estemos ante un mal libro. Los lectores se dividen entre quienes le llenan de elogios reservándole una vitrina con pedestal incluido y quienes le escupen en la portada maldiciendo la hora en que vio la luz. No creo que merezca ninguno de los dos. Hay que reconocerle a Joël Dicker el saber contar una historia. Mantener el misterio no es sencillo. Tampoco lo es moverse con desenvoltura entre el thriller, la comedia y el romance. Dicker tiene una pluma educada y ejecuta con bastante precisión su trabajo. El problema es que no enamora, no deja detrás ninguna estela que haga echar de menos los personajes (cosa que parece pretender con su última y petulante indicación al lector). He llegado al final sin que me quede en la memoria una frase, un momento, una idea. Las obras maestras de las que tanto se habla en el libro tienen algo en común: siendo creaciones individuales rozan con la universalidad ejecutando una operación demiúrgica, a saber, creando y recreando(se) en una constante variación de las ideas universales. Este libro es excelente para disfrutarse lejos del flaco favor que le hace la publicidad desmedida, es decir, para sentarse a la sombra en un verano caluroso para intentar descubrir el misterio. Nada más, pero también hay que decir que el que un escritor logre esto es ya bastante.

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Comentarios (10)

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  • […] “La verdad sobre el caso Harry Quebert”, la obra maestra que nunca existió […]

  • […] Para destacar la repetida mención a los productos de Apple que se han convertido en un ícono de la cultura americana. Aunque el músico “no está muy claro por qué en un mundo mejor los productos más superguays debe dejar unos beneficios superescandalosos a un reducidísimo número de habitantes de dicho mundo mejor”. Una de las magistrales pinceladas de la crítica de Franzen a elementos centrales de la estructura de su país. Es a través del conflicto personal, del rechazo al éxito que experimenta Richard, que el autor nos ofrece una puesta en cuestión de elementos cotidianos de la vida americana. Algo que le vendría bien aprender al jóven Dicker. […]

  • xvxv dice:

    Nada de acuerdo. Me ha parecido un excelente libro y me quedan en el recuerdo sus personajes…Nola, Harry, Jenny. Unas personalidades ricas y auténticas. Muchos quisieran escribir como este joven escritor. Saludos.

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