No es país para viejos…

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Me encuentro dentro del tambor de una lavadora. El jabón se mete en mis ojos. Todo gira rápido. Algo va mal. Mucha gente observa atónita fuera. El botón rojo no deja de parpadear. Nadie quiere apretarlo por miedo a explotar. Es un botón con letras grandes que forman la palabra STOP. Llevamos así mucho tiempo. Los valientes que apretaron el botón en su momento se convirtieron en héroes, mártires o las dos cosas. Nadie olvida sus nombres. Tal vez hayamos olvidado su significado. Tal vez es momento de que todos adoptemos ese rol, por lo menos, por un día como diría Bowie. Héroes por un día.

El tiempo pone a cada uno en su lugar aunque tarde.

Necesitamos mucho tiempo pero este se empeña en escaparse. Es un fugitivo pero sin el glamour de Harrison Ford. En todos las debates televisivos puedes observar como los profesionales, los “tertulianos”, no dejan de comprobar sus teléfonos móviles. Incluso en pleno y riguroso directo contestan a los mensajes de sus admiradores.

No tenemos tiempo. Me han engañado. Cuanto menos me detenga a pensar más necesidad tendré de él. Mientras el tiempo se escapa, la vida también.

El pasado lunes se jugó un partido entre dos conocidos equipos de fútbol. Hacía que veía la televisión, devoraba el plato y respondía a los mensajes del teléfono. Apenas prestaba atención hasta que al tratar de hablar con mi amigo imaginario, me mordí la lengua. Era tal mi nivel de automatismo que apenas era capaz de dominar el habla. Mis ojos, casi por casualidad, se centraron en la pantalla. Allí centenares de personas como tú o yo, se agolpaban para recibir a sus héroes – villanos. Los aclamaban como si fuesen delatores de evasores fiscales multimillonarios. Por desgracia nada de esto era así.

Momentos de locura colectiva controlada

Su aportación en términos cuantitativos a la mejora de nuestra sociedad es escasa. Sí, sé lo que estás pensando. Aportan pero… Si hablamos de lo que podría conseguir un equipo de investigadores capaces de limpiar el agua de “chapapote” con algún tipo de alga creo que perderían la comparación. Permitirme hacer una aclaración. No hablo del deporte como elemento pedagógico. Está más que demostrado que cualquier deporte ayuda al desarrollo integral de la persona, más si cabe, cuando tienes buenos entrenadores. En líneas anteriores me refería al show mediático psicotrópico.

Esto no es un ataque al fútbol. Me encanta el fútbol. Puede ser la mejor de las drogas legales existentes y también la peor si tu equipo pierde. Lo que me escamaba era ver a toda esa gente recibiendo al autobús de su equipo con todo tipo de simbología como si del “mesías” se tratase.

¿Que porqué me preocupa? Alguno me tomará por demagogo, hipócrita o fariseo. Lo puedo soportar, aceptar e incluso compartir. No te molestes lector. Sigue leyendo y date la oportunidad.

Estamos saturados en estos tiempos sin tiempo a todo acto de protesta. Saturados pero no saciados. Por lo visto, hace falta más. Tal vez la sangre llegará al río y, entonces lo que son simples y vulgares frases de cuadernillo rubio se transformarán en lamentos, reproches y tal vez, reacciones.

La vida es acción y reacción. Por ello ante el clima actual de protesta, nuestro gobierno legítimo, no lo olvidemos, aprobará una ley que penalice el mero hecho de protestar. Evitaremos dar una imagen al exterior de protesta y malestar. Nadie en este país está contento salvo los que promueven leyes parecidas (Conozco algunos votantes del gobierno actual que echan chispas por esta nueva reforma. Son preferentistas.).

Recuerdo de una Revolución cercana

La vida es acción y reacción. En este punto vuelvo a los seguidores del equipo de fútbol. No sé qué pensará la autoridad competente pero veo un poco extraño que cientos de personas alteradas y entregadas a sus héroes; portando banderas y bengalas, permanezcan bloqueando espacios públicos como si nada. ¡Rojo! gritarán algunos. No me quita el sueño el color. Hace falta más “color” en este mundo si cientos de ciudadanos no pueden permanecer rozando la santidad frente a sucursales bancarias, pancarta en mano, reclamando el dinero que les han timado con el consentimiento de unos y/o pasividad de otros.. Ahora bien. “Podemos encender mil bengalas cantando bajo la lluvia”. Según la nueva ley estos ancianos tan simpáticos (“Como cuentan en alguna tertulia gatuna”), se tendrán que ir a sus casas o pagar una generosa contribución al levantamiento del país en forma de multa.

Podemos usar el teléfono para convocar una reunión masiva ante estadios. Ellos no son el enemigo. La Primavera árabe suena a pasado. No vende ya.

En este punto retomo el tema del tiempo. Tomarse un “relaxing cup of coffe” será algo subversivo con los años. Todo lo que signifique detener el tren, otear el paisaje y reflexionar sobre lo que nos sucede será tomado como un acto de rebeldía. Seremos o quieren que seamos una sociedad al estilo “1984”. Ya no me sorprenden mis automatismos. Es lo que interesa. No pensar, no reflexionar sobre lo que has hecho bien, mal o regular. No pensar, no actuar para cambiar las cosas. Quédate sin tiempo. Dedícalo a otras cosas que no sea el pensar. Haz el bien. Piensa.

Archivado en Crítica, Fútbol, Libertad, Manifestación, Política, Primavera árabe
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